miércoles 11 de noviembre de 2009

Armisticio, conspiración y muertos vivientes


Como hoy es el día del Armisticio (11 de noviembre de 1918), fiesta nacional en Bélgica, y Lovaina pierde en los festivos mucha lozanía universitaria, me escapo a Bruselas. Paseando cerca del Palacio de Justicia me encuentro una perla digna de traer a mis Silenos: en la puerta de un coche de policía se lee "Pajotteland". Saco la cámara y me dispongo a importar la imagen para solaz e inspiración de los lectores, pero hete aquí que la mirada broncínea de dos agentes me recuerda que Guantánamo aún recibe visitas de larga duración. Luego de reponerme del susto, me siento en mi mesa preferida de La Brocante, en Les Marolles, y abro El País. Quizás porque acabo de sentirme como un conspirador de tres al cuarto, la noticia de que Afganistán lleva camino de convertirse "en un Vietnam para Reino Unido" atrae mi atención. Mas uno ya tiene el vicio de leer la prensa esperando delicias del lenguaje y, claro, acabo en este estupendo texto: "La asistencia a la ofrenda floral en el Cenopath, en Whitehall, encabezada por la reina y por los primeros ministros aún vivos..." ¿Se imaginan que hubiera asistido Winston Churchill? ¿O que el periodista tenga que cubrir mañana la noticia, pongamos por caso, de una gran manifestación? Escribiría: "Acudieron más de doscientos mil manifestantes aún vivos..." Entre cerveza y cerveza la cosa debió de quedárseme prendida en algún recóndito lugar del subconsciente, porque, al llegar a Lovaina, descubro entre las compras que he hecho en Bruselas una película de Robin Campillo titulada Les revenants, cuyo argumento se me revela ahora en todo su sentido aterrador: los muertos abandonan en masa los cementerios para, simplemente, recuperar el lugar que tuvieron entre sus familiares. Y todo por culpa de una palabreja malsonante en la puerta de un coche policial.


(Imagen: detalle de la fuente de los condes Egmont y Hornes (1864),
en la Place du Petit-Sablon, Bruselas. Fuente: Silenos)

domingo 8 de noviembre de 2009

Un poema flamenco


A Javier Sánchez Menéndez,
por apostar por la poesía
en tiempos sombríos
NOCHE EN FLANDES

Rompe a llorar la noche
en el campo de Flandes.
Como un lamento sobrio y contenido
que pidiera disculpas
por ser tan solo un llanto sin tristeza.
Asoma a mis cristales desde fuera,
en plenitud de formas transparentes.
¿Qué puedo yo decirle,
con este torpe amago
de azul melancolía,
a la que tanto sabe del insomnio,
del impostado arrimo del hogar
en el que malgastamos
las horas más nutricias?
Trae la noche en apogeo
su risa de prodigio,
alba excarcelación de una promesa.

(Noche estrellada, de V. Van Gogh)

jueves 5 de noviembre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria

Para Celi e Hipólito, ellos saben por qué
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A BUENAS HORAS...
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A mi abuela la llamaron a filas estando ya difunta. Mi padre, que ejercía de primogénito, convocó a la familia a las seis de la tarde y, tras leer el llamamiento que habíamos recibido en casa, invitó a cada cual a exponer su parecer. Después de varias cafeteras, las posturas parecían irreconciliables. Algunos de mis tíos no podían contener la risa y esgrimían en su descargo que la abuela Eutimia se hubiera divertido de lo lindo con el asunto, y hasta se hubiese presentado en la oficina de reclutamiento. Buena era la abuela. Otros, entre los que se contaba mi padre, siempre tan circunspecto, les afeaban la conducta y abogaban por presentar una queja formal ante la autoridad castrense. La tía Elvira, a pesar de ser analfabeta (o precisamente por eso), instaba a que se denunciase el caso en la prensa. Y como en todas las familias de entonces siempre había un primo universitario, mi primo Enrique levantaba la mano y, haciéndose dueño del silencio expectante, explicaba muy doctamente que por el tiempo en que nació mi abuela las partidas de nacimiento eran pura ficción paterna. Si, con el correr de los años, se le añadía la torpeza de algún funcionario que habría cruzado sus datos con los de un recluta tocayo… Pero mi padre no quería ni oír hablar de argumentos exculpatorios y seguía recabando apoyos para redactar la queja. Fue entonces cuando sucedió. Mi tía-abuela rompió su habitual mutismo con una leve risita, contenida, casi como un hipido pudoroso. Todos callaron y atentos mantuvieron la mirada. Pero ella no dijo nada, y de hecho se llevó el secreto a la tumba. Aquella tarde, recuerda mi padre misterioso, todos sintieron el aliento burlón y ebrio del bisabuelo.
(En la imagen otra graciosa estatua de Lovaina: Paap Toon.
Otro día hablaré de ella. Fuente: Silenos)

domingo 1 de noviembre de 2009

Santos, difuntos, pintores y el corazón de la tierra

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Todos los santos y el recuerdo de los difuntos me han empujado a visitar Amberes. En la Catedral de Nuestra Señora se exponen hasta mediados de noviembre 15 obras de maestros pintores (Peter Paul Rubens, Frans Floris, Artus Wolffort, Maerten de Vos, Otto van Veen, Ambrosius Francken, Hendrick van Balen...), muchas de ellas retablos encargados en su día por gremios y agrupaciones artesanales y que, hasta la dominación francesa, decoraban la catedral. Entre varios descendimientos y alguna lucha de los celestiales contra los ángeles caídos, hay un hermoso tríptico de Barend van Orley titulado Juicio Final con las siete acciones de la misericordia. He sentido el pesar de las almas inconsolables que un ángel se llevaba hacia las llamas. Y como estoy convencido que el ánimo anterior pesa y modula el ánimo siguiente, al llegar a la Estación Central de Amberes, ya de vuelta, he reparado en que, después de siglos haciéndolo hacia arriba, el mundo crece hacia abajo, como una raíz obstinada que busca agua en el hemisferio opuesto. Vamos volviendo (qué largo volver) a la cavernas, de donde salimos con el único propósito de descubrir (qué largo descubrir) que nuestro sitio estaba dentro, al abrigo de la tierra, al amparo de las sombras telúricas. Y con tanto cavar vamos ampliando el número de las entradas al Infierno.

(Arriba la estación moderna, que convive con esa hermosa "catedral ferroviaria"
que es la antigua (abajo). Fuente: Silenos)
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viernes 30 de octubre de 2009

Bicicletas para Erasmo


Para Joaquín Parellada, amigo erasmista
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Hasta ayer pensaba que, para captar una imagen de esta ciudad en la que no aparezcan aros de bicicleta, era menester volver a mirarla de cintura para arriba. Pero tal razonamiento se me fue al traste cuando vi, en la puerta de un centro universitario, uno de esos artefactos colgando, cual fruto maduro, de un árbol. Tan aéreo punto de estacionamiento me hizo temer la expansión de una nueva pandemia que, enmascarada en los beneficios de la vida sana, conlleva altos riesgos para la salud. Pero aquí todo el mundo parece haber asumido que merece la pena. Incluso el bueno de Erasmo de Rotterdam, que tan canutas las pasó con los teólogos lovanienses, se ha resignado ya a verlas arracimadas a sus pies cuando, de tarde en tarde, baja la cabeza para relajar el cuello dolorido.

martes 27 de octubre de 2009

Turbulencias


Con sonrisa de manual, la sobrecargo anunció por megafonía que por causa de la huelga no ofrecerían el habitual servicio a bordo. Para más inri, lo tradujo al inglés, francés y holandés. A mí me bastaba mi lengua patria para saber que en cuatro horas no tendríamos más refrigerio que el aire acondicionado, fortísimo y racheado, como el viento que hacía bailar al aparato. Porque a uno no se le va de la cabeza cuando vuela que pende de un aparato que a su vez pende de dos alas que sabe Dios de qué penden. Más vale no pensar demasiado. Y es lo que suelo hacer, pedir una cerveza o un vino, o dos. Lo suficiente para no pensar y dormir un poco. Pero no. La huelga de los tripulantes de cabina me había arrebatado el sueño al arrebatarme la bebida. Desde mi asiento en la fila 4, justo detrás de clase business, y a pesar de la cortinilla que un tripulante se empeñaba en cerrar, descubrí cómo ellos, los bienaventurados de primera, sí eran agasajados con bebidas y snacks. Así que, fingiendo estar dormido, abría con la rodilla la cortinilla para que el resto del pasaje descubriese el desaire de Iberia. No tuve que cruzar miradas con nadie, ni buscar con ayuda de gestos la complicidad de mis compañeros de clase y travesía. Lo último que recuerdo es que la azafata, muy nerviosa, perdió pie en una turbulencia y me arrojó una cerveza por encima, mientras la sobrecargo gritaba motín en varias lenguas. Lo demás es objeto de una investigación.

jueves 22 de octubre de 2009

Ese cuerpo en el camino


A Antonio Dávila,
que tanto ama esta ciudad
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Observo que hay varios rincones en la ciudad de Lovaina vigilados por la mirada inquisitiva de una estatua. Las hay grandes, solemnes en su alzamiento y memoria, y pequeñas, humildes en su talla y evocación. Unas son de piel broncínea seca y otras, de chorro acuoso y mojador. Este despliegue de imágenes parece ser cosa de esta tierra, porque también en Bruselas abundan, aunque en la capital han decidido convertir en símbolo de la ciudad a un niño meón (Manneken-Pis) cuya gracia ni arte veo por parte alguna. Encuentro mayor gusto en las que voy conociendo en Lovaina. Ya hablé del vecino Abrahám. No muy lejos, en la convergencia de Tiensestraat y Muntstraat, yace una hermosa mujer, cuya alta estatura parece responder a la media del cuerpo femenino belga. Su desnudez no pasa desapercibida a nadie, mucho menos en una ciudad universitaria. Si os fijáis bien, aún no muestra en su rostro ni un ápice de indignación por tanto escarnio.
(Fuente de la imagen: Silenos)

domingo 18 de octubre de 2009

Martyn Joseph en Lovaina


Conocí a Martyn Joseph ("a performer like no other", así lo presentaba el programa de mano) en la noche del pasado viernes. Apenas intercambiamos tres frases. Él era el protagonista de la velada y yo quizás el único español en medio de un centenar de belgas. El lugar, L'is 't waar, un caserón en Oud-Heverlee, a pocos kilómetros de Lovaina, convertido en acogedor café y sala de conciertos. De esos conciertos a los que uno sólo asiste si lo invitan, porque se organizan para grupos reducidos (Martyn tiene buenos amigos en Lovaina y no es la primera vez que viene) y la noticia se difunde exclusivamente por el boca a boca. En Lovaina saben organizar bien este tipo de encuentros, que suelen acompañarse de la cena. No había tenido ocasión de escuchar sus canciones hasta esa noche ("Make me cry", "Working mother", "Let's talk about it in the morning", "Kiss the world beautiful" y "Turn me tender" son algunas conocidas). Luego he sabido que es reconocido en Estados Unidos y, por supuesto, en su Inglaterra natal, y que ha cantado con Suzanne Vega, Marc Cohn, Joan Armatrading, Clannad, Art Garfunkel y Celine Dion, entre otros. En 2004 fue votado como el mejor artista masculino en la BBC. En España no sé qué difusión tiene. Me gustaron no sólo sus canciones y su música, sino también el espectáculo de un hombre solo en el escenario, cambiando de guitarras continuamente, acompañándose en alguna ocasión con la armónica, intercalando entre canción y canción las ocurrencias de su buen humor. No es fácil hacer directo en solitario y mantener a los espectadores todo el tiempo entregados. Cuando fuimos a despedirnos de él (mi amiga es una de las promotoras de sus venidas), seguía sonriendo. Me pareció un hombre extremadamente afable. Y un excelente cantautor que ya forma parte de mis preferencias musicales.